Los primeros pasos de la conquista de Hispania por Roma se producen en el contexto de las guerras con Cartago. La rápida expansión del poder cartaginés por territorio peninsular alarmó a Roma y provocó la Segunda Guerra Púnica, entre los años 218 y 201 antes de Cristo.
A partir de este momento, Roma comenzó a enviar a sus tropas a Hispania, dando comienzo la conquista propiamente dicha. La guerra de conquista contribuÃa a disolver las tensiones sociales de Italia. Además, los soldados legionarios encontraban pocos estÃmulos para desear el fin de las operaciones militares, ya que la guerra les ofrecÃa al menos un medio de vida.
Desde el fin de la II Guerra Púnica, Roma siguió enviando a la PenÃnsula dos legiones con sus correspondientes tropas auxiliares. A partir del 197 antes de Cristo, cada una de esas legiones dependÃa de un gobernador provincial con el tÃtulo de proetor, ya que el territorio controlado por Roma fue dividido en dos provincias, la más alejada de Roma o Ulterior y la parte más próxima o Citerior.
En el centro de los campamentos militares se hallaba la residencia del pretor, praetorium, y la sala de los estandartes, aedes signorum. También se situaba el tribunal, donde el gobernador administraba justicia, y el auguratorium, para la consulta augural de la voluntad de los dioses, que era realizada por el propio gobernador sirviéndose de manuales al uso. El campamento militar, organizado siempre de la misma manera, era un reducto que imitaba la ciudad de Roma, un espacio romano asentado en medios provinciales.
Según los relatos de los autores antiguos, en los campamentos romanos, habÃa buhoneros y prostitutas indÃgenas. También nos hablan de la baja moral de los soldados, que no tenÃan excesivo interés en volver a Roma para pasar a engrosar las filas de los desheredados de las ciudades. Además, muchos de ellos establecÃan sólidos vÃnculos con las poblaciones locales. En caso de necesidad, Roma podÃa ampliar los contingentes reales de tropas de cada legión o bien enviar a uno de sus dos cónsules, ya que los cónsules tenÃan mando sobre dos legiones.
AsÃ, se calcula que se emplearon en el cerco de Numancia a unos 20.000 hombres. Pero la conquista de la PenÃnsula no fue llevada a cabo sólo con las tropas romanas sino con el apoyo de los indÃgenas. Ya desde la época de la II Guerra Púnica, las legiones romanas comenzaron a contar con los celtÃberos, que se situaban junto a las tropas auxiliares.
Los cartagineses se sirvieron igualmente de hispanos, de unos como aliados que se costeaban su equipo y sus gastos pero de otros como mercenarios. Las malas condiciones económicas de algunas poblaciones obligaban a que muchos buscaran en la guerra un medio de subsistencia.
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