La Senda del Dragón Archive

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Teogonía de Târríen

Según los sabios Heinäe, de la eterna lucha entre el Gran Padre y Aggleddhull “el destructor”, “el devorador de almas”, “el odiado”, “el corruptor”, surgieron los dioses de los tres panteones.

La Luz, la Oscuridad y los Dioses Grises, todos ellos no eran sino representaciones de algún aspecto de las dos deidades primigenias.

Todos ellos en eterna lucha, como sus progenitores.

Panteón de los Dioses de la Luz
Dioses Mayores Dioses Menores

– El “Omnipresente”, el Creador y Guardián del Todo, el patriarca del Panteón.

– Baladryn “el pacificador”.

– Shareti “la de las manos sedosas”, diosa de la curación.

– Cenielle “Cascos Dorados”, Diosa Centaura.

– Herálion, Dios de la luz y el conocimiento.

– Irekhona, “el ciego”.

– Irrhem “la Justiciera”.

– Nellidolus “la Cierva Plateada”, mensajera de los Dioses.

– Orm, el de la Espada llameante.

– Velâdius “el visionario”.

– Zybarrhimam “el justo vengador”.

Panteón de los Dioses de la Oscuridad
Dioses Mayores Dioses Menores

– Dieter Etzel.

– Ioresthäas “el desfigurado”.

– Dorgral el sin rostro”.

– Masdrhäann “el negro”.

– Yig–Anssstep, señor del sexto infierno.

– Troril, Dios Oscuro de la Guerra.

– Yig–Siktarti “el de las seis cabezas”.

– Yig–Vensary “el de los seis brazos”.

– Palentané “la fatalidad silenciosa”.

– Zalmikha “la pestilencia que se arrastra”.

– Yiil el amarillo, señor de la marca astada.

– Yhali “la insaciable”.

Panteón de los Dioses Grises

– Dragón Celestial Señor del Clan Azul.

– Dragón Celestial Señor del Clan Blanco.

– Dragón Celestial Señor del Clan Negro.

– Dragón Celestial Señor del Clan Rojo.

– Dragón Celestial Señor del Clan Verde.

– Lanval, “el Dragón Dorado”, encargado de proporcionar a los muertos su merecido descanso.

– Las Tres Diosas.

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El Imperio Khardesita – Tropas Auxiliares del Ejército

Además de lo que ya habíamos visto, a cada Legión la acompaña una Celestia, una unidad formada por sacerdotes, que están encargados de las curaciones, tanto del cuerpo como del espíritu. También actúan de asistentes del Centurión y como mensajeros del Emperador.

Cada Celestia está constituida, como mínimo, por un (1) Sacerdote, que se encarga de los ritos religiosos, cinco (5) Ayudantes, que también son sacerdotes, y diez (10) Iniciados. Además de por diez (10) Guardias, que también actúanmago como mensajeros. Según las características de las campañas estas cifras pueden modificarse.

Otra unidad que acompaña a la Legión es la Magiria, unidad constituida por un grupo de magos en número no fijo. La magia, que es cada vez más débil y de difícil control, no está mal vista en el Imperio, aunque está supervisada por los Sacerdotes, que tienen capacidad de veto y de censura.

Dentro del sistema social khardesio los magos, que normalmente no trabajan en nada que sea “productivo” desde el punto de vista del Imperio, suelen ser considerados como Extranjeros. Esto es así incluso para aquellos nacidos en Khardesia, a los que se suele llamar “desheredados”.

Por ello, aquellos magos humanos Khardesitas que desean formar parte de la sociedad trabajan en las Escuelas de Magia del Imperio, crean Talleres de Magia en los que trabajar en algo “productivo”, o se alistan en el ejército, en las Magirias.

Aquellos magos con cinco ó más años de servicio en el ejército pueden licenciarse y entrar a trabajar como rectores de las Escuelas de Magia, renunciando al botín y pasando a ser miembros de la clase trabajadora. Otros, no obstante, fantasy_photo_76optan por abrir Talleres con el botín obtenido en la guerra, que para ellos consiste exclusivamente en dinero.

Las Escuelas de Magia enseñan el arcano arte a todos aquellos que siendo niños puedan demostrar sus dotes. Aunque cada año son menos, y los poderes que manifiestan los admitidos menores. Las clases son gratuitas, ya que están subvencionadas por el propio Emperador, y las imparten magos que fueron soldados en las Magiria y ahora forman parte de la clase Ciudadana. La dirección la ejercen los Magos Veteranos del Ejército, aunque en último extremo son los Sacerdotes los que las controlan.

Los Talleres, por su parte, son independientes del Imperio, aunque deben rendir cuentas ante el Clero. Sus dueños forman parte de la clase Trabajadora, y aquellos magos que trabajen para ellos de la clase Ciudadana.

Cada Legión consta, además, de una serie de unidades auxiliares, entre las que está el Cuerpo de Ingenieros, que además de servir como zapadores en los asedios, ayudan a los soldados a levantar los campamentos de defensa, loslegionarymarch puestos avanzados, refuerzan estructuras tomadas al enemigo, las reutilizan o derruyen si se van a dejar detrás, construyen puentes para vadear cursos de agua y cuantas misiones se les encomiendan.

También suele asistir a las Legiones un Cuerpo de Asedio, soldados especializados en las máquinas militares destinadas a batir las murallas enemigas, tales como catapultas y ballestas, onagros, arietes o lanzapiedras.

Y siempre se asigna un Cuerpo de Intendencia, encargado de abastecer de comida a la Legión y a cuantos soldados y civiles se desplazan con ella, y al que pertenecen también los cocineros, los artesanos, los herreros encargados de fabricar y reparar las armas y armaduras, y un largo etcétera.

El número de los Cuerpos Auxiliares es siempre variable, modificándose en función de la campaña y las solicitudes de los Generales, pues todos ellos saben que son tan importantes como los soldados combatientes; a veces más.

En cuanto a las tropas en el mar, las fuerzas marítimas khardesitas son menos importantes tanto material como estratégicamente que las de tierra. Es cierto que existen flotas permanentes en la Capital Imperial y en ciertos puertos ATAQUE-NAVALcomerciales, pero su función es mayormente defensiva. Y las grandes rutas comerciales marítimas disponen de buques militares de vigilancia, así como buques escolta para la marina mercante, preparados para defender las mercancías de los piratas.

El barco de guerra más importante del Imperio es el Trirreme. Sus bodegas están repletas de esclavos, que son los encargados de manejar los remos, aunque también cuentan con una vela cuadrada para aprovechar los vientos. En la cubierta llevan el Puente de Anclaje, un puente de asalto que se clava en la cubierta del barco enemigo, facilitando el abordaje.

Otros barcos de la marina Khardesita son los Birremes, barcos más lentos pero también más grandes que los Trirremes, los Barcos de Asedio, con catapultas en la cubierta, o los veloces Veleros de Guerra, encargados de llevar mensajes de los Sacerdotes o del Emperador al campo de batalla cuando por tierra no es posible.

Y, por último, están las tropas del Ejército Provincial, llamado también “los cuerpos de guardia”. Su número es difícilmente calculable y, de hecho, carece de interés práctico pormenorizar todas las guarniciones locales y las guardias ciudadanas de las diferentes provincias, dado que nunca se les emplea fuera de sus áreas de protección. Hacerlo supondría dejar los territorios que ocupan indefensos o asequibles a las maquinaciones de grupos disidentes, maleantes y contrarios al Imperio, que pudiesen generar revueltas o saqueos. Y nunca han llegado a constituir una fuerza suficientemente grande como para que resultase viable emplearlos en ninguna campaña militar.

Los cuerpos de guardia no están constituidos por verdaderos soldados como las Legiones, sino por los llamados10_1_Swordsmanbélites”, un grupo de guerreros que aunan en sus filas a reclutas voluntarios de las provincias, sin apenas formación militar, con viejos Legionarios. Los primeros son poco más que milicianos acostumbrados a una vida cómoda y bastante ociosa, que nunca han tenido una actitud demasiado marcial ni disciplina. Los otros son viejos soldados retirados o degradados, algunos de ellos han sido expulsados del ejército por problemas con las mujeres o el dinero, faltas de insubordinación menores, robos u otras trasgresiones que el código jurídico militar no pena con sanciones mayores. Los que habían ocupado algún cargo importante en las Legiones suelen ocupar los puestos de mando de los cuerpos de guardia debido a su instrucción militar. Aunque su disciplina suele relajarse con los años, y no son en nada comparables a los Legionarios.

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El Acero Auténtico

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… cuenta la historia que los Dragones rojos, temerosos de que las criaturas de Shepsa, crueles y sanguinarias, los cazasen y exterminasen, difundieron el secreto del Acero Auténtico en un intento de ganarse su gracia. Y, de este modo, los Dragones verdes, los hijos de la tierra, fueron cazados y perseguidos. Cuando los Dragones verdes escasearon, los seres de la isla dedujeron que los Dragones rojos también eran hijos de la tierra, y también los cazaron y persiguieron.

Al final, los Dragones comenzaron a escasear, y muy pocos fueron capaces de cazarlos y perseguirlos, así que se convirtieron no sólo en fuentes de Acero Auténtico sino en presas preciadas por los caballeros, auténticos ritos de madurez y poder.

Pero la verdad del Acero Auténtico, la sangre del Gran Padre, la esencia vital del mundo, se había perdido, incluso antes de desaparecer los Dragones verdes. Pues, si bien es cierto que los Dragones rojos revelaron su procedencia, los seres no supieron descifrar los datos que les dieron.

¿Quién pensó nunca que el Gran Padre daría defensas a sus caballeros a cambio de matar, asesinar y exterminar a sus hijos celestes?, ¿de quién fue la idea de que el Acero Auténtico estaba reservado a los Dragones, en una especie de acto de egoísmo contra el hombre?, ¿cómo pudieron plantearse que el Gran Padre haría partícipe de su más sagrado don a magnicidas sin escrúpulos, asesinos de sus áureos hijos?Espada_inclinada

Porque en verdad debéis saber que el Acero Auténtico es parte del mundo como lo son los Dragones, los hombres, los elfos, los cíclopes o cualquiera de las criaturas vivientes. El Acero Auténtico participa del Gran Padre, respira las esencias místicas, bebe de las fuentes de la vida, y por ello, convive con los seres de Shepsa. Y es que el Acero Auténtico está en todas y cada una de las criaturas creadas por el Gran Padre.

El Acero Auténtico forma parte de la débil carne, dotándola de vida y movimiento, forma parte de la tierra, sustento primario de la existencia, forma parte del aliento de los Dragones, proporcionándole el calor y la energía, y, en definitiva, nos rodea y nos abraza como un gran  campo de energía mística que es el principio de la existencia y que se refuerza con ella, haciendo que cada momento vivido en paz y armonía sea un instante vivido en el Gran Padre. Sólo tenemos que despojar nuestra alma de maldad y mostrarnos puros, y él nos permitirá ser partícipes de su esencia celestial.

Esta gran verdad, siempre frente a la vista de quien quiera verla, se perdió cuando el hombre levantó su mano contra los Dragones. No hay que buscar el Acero Auténtico en otras razas ni en otros lugares, pues cada uno de nosotros somos seres luminosos a los ojos del creador, y poseemos una porción de él mismo que nadie nos podrá nunca quitar. Sólo tenemos que ser dignos de tan valioso presente…

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El Imperio Khardesita – El Ejército

El ejército khardesita es regular, con tropas permanentes. Todo hombre o mujer entre diez y cincuenta años de edad

legionarios-gomax es considerado un soldado potencial. Todas las clases sociales, salvo los esclavos, están admitidas, aunque aquellos que poseen la capacidad económica para procurarse las armas armadura y demás utensilios tienen la posibilidad de acceder a mejores puestos. Aquellos que aportan un caballo pueden entrar a formar parte de la caballería; para ingresar en las formaciones de carros de combate sólo hay que aportar armas y armadura.

El ejército se divide entre los Humanos Khardesios, que pueden ocupar cualquier puesto, los Humanos No Khardesios, que pueden llegar hasta el puesto de Centurión, y los No Humanos, que sólo pueden servir en las Tropas Tutelares.

La estructura del ejército regular ha ido evolucionando a lo largo de este siglo. Pronto se vio la necesidad de dividir el ejército entre los hombres de a pie, la infantería, y la caballería. Posteriormente se fueron añadiendo nuevas formaciones hasta llegar al momento actual.

La unidad básica de la Infantería es la Centuria, idealmente formada por ciento doce (112) hombres. Cada Centuria está dirigida por un Centurión.

Una Centuria está formada por diez (10) Patrullas, y cada Patrulla está formada por once (11) hombres que comparten una tienda de campaña, siendo diez (10) de ellos soldados y uno (1) un Sargento. Las tiendas son de piel impermeabilizada, cónicas con un poste central. La Patrulla es la unidad básica de guardia, tanto en los campamentos militares como en los núcleos poblacionales.

En combate, la Centuria se estructura con los hombres dispuestos en tres líneas, llevando armamento desigual. Así, la Primera Línea la constituyen treinta (30) hombres, que constituyen la Infantería Pesada, protegidos por una rome1armadura de láminas o de malla y escudo, y armados con una espada y dos lanzas cortas. La Segunda Línea es también de treinta (30) hombres, e idéntica a la anterior. La Tercera Línea la constituyen cuarenta (40) hombres y, a su vez, se divide en veinte (20) hombres que constituyen la Infantería Ligera. Protegidos por una armadura de cuero repujado o un corbuilli y escudo, y armados con una espada y dos lanzas cortas, forman la reserva, además de defender a veinte (20) arqueros, con igual protección, y armados con arcos compuestos.

Cada Centuria está flanqueada por las Alas de caballería, las unidades de Carros de Combate y las Tropas Tutelares. Tres Centurias constituyen 1 Falange, idealmente trescientos treinta y siete (337) hombres, que está dirigida por un Prefecto. La Falange constituye una unidad táctica que permite un despliegue más flexible y articulado. Y tres Falanges constituyen 1 Legión, idealmente mil doce (1012) hombres, cada una de las cuales está dirigida por un General.

El Ejército Khardesita está a constituido por nueve Legiones, que deben obediencia al Emperador, el cual sólo rinde cuentas ante los Dioses de la Luz, aunque dispone de los Sacerdotes, los Generales, el Consejo de Veteranos y los Consultores para conferenciar y comentar decisiones. Estas seis Legiones se dividen entre la Legión de Honor, llamada también Legión Áurea, que reside en la capital y que, en la práctica, sirve al mando del Emperador. Es la única Legión a la que se le permite entrar en la capital imperial, salvo en caso de asedio.

La Legión de Guardia, llamada también Legión de Acero, que se encuentra en permanente movimiento, y que está destinada a vigilar el tránsito de mercancías por el imperio, vigilar el cumplimiento de la ley y, la que constituye su principal función, servir de ayuda y refresco a las demás legiones. Está formada por seis Falanges, el doble de lo normal, aunque en la práctica siempre se encuentra dividida y dada su movilidad son los Prefectos los que mandan las fuerzas en movimiento.

- La Legión I, llamada también Legión de Bronce, sirve en el Norte del Imperio.

- La Legión II, llamada también Legión de Plomo, sirve en el Sur del Imperio.

- La Legión III, llamada también Legión de Estaño, sirve en el Este del Imperio.

- La Legión IV, llamada también Legión de Cobre, sirve en el Oeste del Imperio.

- La Legión V, llamada también Legión de Hierro, sirve en el frente Sureste.

- La Legión VI, llamada también Legión Argéntea, sirve frente Suroeste.

- La Legión VII, llamada también Legión Fénix, sirve frente Noreste.gotico1_1

- La Legión de Guardia, llamada también Legión de Acero.

- La Legión de Honor, llamada también Legión Áurea.

A las tropas de a pie se unen los hombres a caballo, encuadrados en las Alas, y situados a ambos lados de las Centurias. Esta es la unidad básica de la caballería khardesita, compuesta idealmente por veintiun (21) hombres de Caballería Ligera, veinte (20) de ellos protegidos por armaduras de láminas o malla y escudo, y armados con espada, dos lanzas largas y hacha. Las Alas están dirigidas por un Señor de la Guerra, que constituye la Caballería Pesada, y está protegido por coraza y escudo, y armado con espada, dos lanzas largas y hachas. El Señor de la Guerra tiene la capacidad de dar órdenes al Centurión en la batalla.

Junto a la caballería se disponen veinte (20) Carros de Combate, que sirven tanto para el ataque como para apoyar a la caballería, llevando armas de repuesto, ayudándola a reagruparse, etc.

Las Tropas Tutelares son tropas formadas por No Humanos. Se dividen en Patrullas, con diez (10) Soldados y un (1) Sargento No Humano. Tres o cuatro Patrullas agrupadas constituyen Regimientos. Estos Regimientos suelen acompañar a las Centurias, formando grupos de ayuda, aunque otras veces forman grupos independientes de ataque o defensa. Los Regimientos están dirigidos por un Tutor, que siempre es un humano Khardesita.

Cuando acompañan a las Centurias se distribuyen en tres formaciones. La Primera Formación se dispone detrás de la Tercera Línea de la Centiuria, la Reserva, para servir de ayuda a las dos primeras Líneas. Y las otras dos Formaciones se distribuyen una a cada lado de las Líneas de la centuria, por dentro de las Alas.

Ejemplos de Tropas Tutelares son los Lanceros de Arhágus, los Honderos de Azibi o los Martillos de Piedra.

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Banda Sonora Original

Este es un proyecto largo tiempo acariciado que, al fin, he terminado… Las canciones que he seleccionado para esta “Banda Sonora” del libro son una mezcla de “paisajes sonoros” que traen a mi cabeza imágenes, historias o situaciones relacionadas o similares a las desarrolladas en los capítulos con los que se corresponden.

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Por motivos legales, y para respetar los derechos de autor, las canciones están cortadas a los 30 sg., al modo en que iTunes las corta, de modo que uno puede hacerse una idea de la canción antes de comprarla/adquirirla.

Si queréis saber donde conseguir las canciones completas podéis echarle el ojo a éste pdf.

 

Donde encontrar las canciones

Descarga el disco


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Los Idiomas de Târríen

La necesidad de plasmar los pensamientos, dotando a los mensajes de una inalterabilidad a pesar del tiempo, ha sido una constante en la historia del ser humano. Pero durante tras un largo período de tiempo, de decenas de miles años, apenas han florecido un centenar de idiomas respaldados por ideogramas, pictogramas o alfabetos capaces de expresar lo que se formulaba con palabras.

Dejar marcas en los caminos, erigir rocas y grabarlas con grifos ceremoniales son las formas de escritura más antiguas. Luego se dio paso a la representación mediante ideogramas usando las figuras de animales y las situaciones de la vida cotidiana, tratando de que los símbolos fueran iguales y homogéneos para facilitar su entendimiento por otros lectores, unificando y creando así los más antiguos sistemas de escritura conocidos, la escritura ideográfica.

Esta etapa, denominada por los estudiosos como la era “pre–Primeros”, estuvo marcada por el difícil acceso a la escritura por parte de la humanidad. Sólo una minoría, una élite intelectual, estaba capacitada para usar la escritura. La casta de los escribas dominó el arte durante milenios y, a pesar de que posteriormente desaparecerían con el advenimiento de los Primeros, son numerosos los eruditos que sostienen que estos no fueron sino escribas que llegaron a la perfección de su arte.

Posteriormente, según iban ganado en complejidad los sistemas de escritura, los ideogramas fueron incapaces de representar todas las palabras que se empleaban. Primero ganaron en complejidad, representando a veces dos o tres elementos visuales, dificultando enormemente la tarea de los escribas, pero finalmente se llegó al gran cisma. Mientras algunos pueblos siguieron usando los ideogramas como sistema de escritura, otros vieron que este sistema era limitado, que el mundo y la historia lo desbordaba, y crearon los alfabetos como forma de dar sustento a la palabra y la sílaba.

Este avance ha sido el punto en el que tradicionalmente se dice que aparecieron los Primeros. Muchos de los sucesos de aquella época se han olvidado, perdidos en las corrientes de la historia, o forman parte de la leyenda. Pero los pocos eruditos que afrontan el tema de forma seria proponen que los escribas descubrieron con las palabras el poder del cosmos, y cambiaron el mundo.

Sea como sea, la era de los Primeros Humanos duró miles de años, y la humanidad llegó a cotas de civilización que aún hoy nos asombran.

Durante esos milenios se fueron produciendo cambios en los sistemas de escritura. Los Primeros desarrollaron modificaciones que variaban, a veces sutilmente y otras de forma drástica, de los sistemas originales. Algunos estudiosos sostienen que esto era debido simplemente a las sutiles variaciones derivadas del poder de las palabras. Otros no opinan lo mismo, y afirman que con estas variaciones los Primeros labraron su propia caída, pues unos cuantos se mantuvieron férreamente anclados en los sistemas escritos clásicos, lo cual trajo al mundo a los Dioses de la Luz, y otros lograron a través del cambio el advenimiento de los Dioses de la Oscuridad.

Y así fue como los Primeros Humanos traicionaron al mundo. Traicionaron al Gran Padre.

Miles de años después de esta división, con la civilización de los Primeros yaciendo como cenizas en un campo de batalla, nuevas formas de vida vieron la luz, y otras no tan jóvenes volvieron a florecer, todas ellas bañadas por el amor inconmensurable del Gran Padre. Estos pueblos, herederos de un mundo consumido por fuerzas cósmicas, fueron los humanos, descendientes de los Primeros aunque sin la llama eterna que anidaba en sus espíritus, los Enanos, despectivamente denominados “los deformes”, los Heinäe, descendientes según todos los estudios de antiguos seres marinos, los elfos y los hombres bestias, los Barúm y los Babuínos, y otros muchos seres inteligentes que habitaron y habitan Târríen.

Aunque la civilización de los Primeros Humanos se había perdido, las nuevas razas prosperaron, a veces creando y otras apropiándose de conocimientos arcanos y, finalmente, redescubrieron la escritura de los Primeros. Sin embargo, aunque esto trajo el redescubrimiento de los Dioses de la Luz y de la Oscuridad, estos pueblos no fueron tan osados, ni tan poderosos, como sus ancestros, y el resultado no fue tan devastador como en tiempos. Aunque muchos sufrieron a causa de la natural curiosidad de los estudiosos.

Con los años se fueron modificando los sistemas de escritura y, finalmente, se llegó a la creación de un sistema más práctico y eficaz, descomponiendo las sílabas en vocales y consonantes, creándose los alfabetos para representar los distintos sonidos. Esta creación podría considerarse un éxito de la humanidad, aunque algunos pueblos no fueron capaces de abstraer las palabras en sus sonidos básicos, quedándose en la fase silábica, o peor aún, en la fase ideográfica.

Sólo los Heinäe optaron voluntariamente por no seguir los sistemas alfabético o silábico. Leales seguidores del Gran Padre, persistieron en la escritura ideográfica a pesar de la dificultad que representaba adaptarla al paso de los años, a la evolución de sus gentes y al desarrollo de su civilización. Desarrollaron la ideografía a lo largo de miles de años y lograron aunar el sistema con el mismo universo, el verbo con la esencia, desarrollando “la Lengua”, la forma escrita y hablada de las verdades cósmicas, o como algunos eruditos prefieren decir, la verdadera voz del cosmos.

El resto de las lenguas fueron condicionando los sistemas de escritura, que además se veían influidos por los años y por las ideas religiosas de una u otra fuerza.

Actualmente sólo se usan cinco alfabetos por las distintas lenguas de Târríen, siendo trece los idiomas más conocidos y hablados. La mayoría de ellos respetan unas reglas comunes, cuando no derivan de la lengua original de los escribas. Las formas han variado, así como las palabras, las representaciones o las gentes que las usan, pero la esencia, los preceptos originales han perdurado a lo largo de los milenios hasta ahora.

Baare: Hablado en Zhar-Ibhar.

Comercial: Hablado fundamentalmente en los Reinos Enanos, Metalia y Alfhra (en la práctica es el segundo idioma más hablado en Târríen).

Dhubrylhia: Hablado por la nobleza de Kalanti. Lengua empleada para los rituales religiosos, sacrificios y hechicería.

Emhäl: Hablado en Lerthan y Perasthan (muy similar al Frasin, tanto que hay quien sostiene que no es más que un dialecto).

Frasin: Hablado en la antigua área del Imperio Afrasiano, que comprende el Imperio Khardesita, los reinos de Kalanti, Jadalsi, Nagadia y en las Llanuras de Zanelay. Es el idioma más común de Târríen.

Itnal: Hablado en el Imperio Khardesita (lengua culta empleada para los actos religiosos y políticos, y para la magia).

Izzu: Hablado en las Tierras Bárbaras (la forma escrita se representa mediante runas.

La Lengua Antigua: Lenguaje del Gran Padre, la lengua de la Creación. Su sintaxis es elaborada y consta de un léxico de más de tres mil caracteres. Los distintos significados dependen del orden de las palabras. Es rica en consonantes, más de cien, pero con sólo nueve vocales. Las palabras suelen ser monosilábicas, cada una acompañada de un tono que distingue los significados de las palabras. A esto se añade el cambio de tono cuando dos o más sílabas de determinados tonos aparecen en la misma frase, a lo que se añade que los tonos se ven modificados en función de las entonaciones y los acentos. En la práctica, alguien que no la domine y escuche una conversación en la Lengua Antigua creerá estar escuchando una canción tarareada, sin una letra comprensible. El sistema ideográfico de escritura no es más claro. Los ideogramas, que pueden leerse de arriba abajo, de abajo a arriba, de derecha a izquierda y de derecha a izquierda, y sin signos de puntuación, no presentan relación entre los signos y su pronunciación, por lo que deben aprenderse por separado. Tradicionalmente, los eruditos sostienen que la escritura posee un poder mágico al permitir establecer contacto entre e espíritu humano y el poder del universo. Con tan alta virtud, la caligrafía busca una estética animada por un intento por expresar la personalidad de quien escribe a través de ella. De modo que el fin último de la literatura escrita es la búsqueda de la comunión con el Gran Padre.

La Lengua Negra: Hablada en Tomoko.

Lacalo: Hablado por los Jinetes de Daerne.

Massha, la lengua de los espíritus: Hablado en la Tierra de Arkhem (que, aunque tiene cierta similitud a La Lengua Antigua, no parece ser un dialecto).

Onich: Hablado en Acrotiria.

Rhon: Hablado en los Yermos del Norte (no tiene forma escrita, y sólo lo cantan los bardos).

Thâm: Hablado en el Desierto Thambarik.

Thong: Hablado en Isbandem (aunque también se habla habitualmente el Frasin).

Wyrmico: Lenguaje común y cotidiano de hablar en Rhiunè, Iruh, el Mar Seco y en la meseta de Tharas.

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El Imperio Khardesita – La Vida Política

 El Imperio Khardesita, que se asienta en la región de Khardesia, fue formado en su origen por tribus de humanos libres. Al principio eran sólo una tribu de humanos que, prosperando en una zona geográfica rica en recursos materiales, con un puerto natural y amplias tierras de cultivo alrededor del río Khar, prosperaban rodeados de accidentes naturales que mantenían a otras tribus alejadas.

Con el tiempo, fueron expandiendo su área de influencia, anexionándose las tierras circundantes. Esto les llevó a luchas con las demás tribus, pero poco a poco las fueron sometiendo y asentando el preludio del imperio. Impulsado por las continuas batallas derivadas de la expansión del Imperio, se formó un ejército regular, que dirigido por un grupo de hábiles generales, se convirtió en una eficaz máquina de guerra, y fue realmente el que terminó de forjar el Imperio.

Actualmente, tras cien años de expansión y conquista, el Imperio se encuentra dividido en nueve clases sociales. Las cinco clases sociales superiores pueden llevar armas según la ley. Estas son, respectivamente, el Emperador y la Familia Real (1ª), los Sacerdotes de la Iglesia de la Luz (2ª), la Clase Militar, representada por los Generales (3ª), y los Consejeros y los Consultores (4ª), los Gentiles (5ª), formada por los Banqueros, los Comerciantes y los Nobles.

Los Ciudadanos, la sexta clase social, sólo pueden portar armas si pagan un tributo mensual por tal privilegio. Los Extranjeros Humanos pueden llevar armas si pagan un tributo mensual. Los No Humanos, tanto los nacidos en Khardesia como los extranjeros, tienen prohibido llevar armas en lugares poblados, como ciudades, pueblos, campamentos, etc., salvo que pertenezcan al las “Tropas Tutelares”. Los Esclavos no pueden llevar armas, bajo pena de muerte, con cumplimiento inmediato.

En el principio, un grupo de ciudadanos, los más ricos, regían el Imperio, pero según el ejército aumentaba lasFantasy_Art_Scenery_by_Peter_Swigut fronteras, los generales iban aumentando en poder y en ambición. Finalmente, hace ya cuarenta años, el general Bosheel se erigió en Emperador, subiendo al trono como Bosheel I El Conciliador, instaurando el derecho de su familia al cargo de forma vitalicia y eterna. Actualmente, tras la muerte de su padre, se encuentra en el trono Athelio I El Conquistador, que rige de manera marcial la nación.

Aunque el poder se encuentra centralizado en la persona del Emperador, los dioses le guían en sus actos, aun en los más mínimos. Por ello, la clase Sacerdotal goza de gran poder en la corte, ya que actúan como mensajeros de los dioses.

Por otro lado, los Generales al mando del ejército actúan como consejeros del Emperador, especialmente en asuntos militares o de las colonias. A ellos, por su parte, les asesoran el Consejo de Veteranos y los Consultores. Ambos grupos formados por veteranos del ejército.

Tras un periodo de diez años en el ejército los veteranos pueden licenciarse y asentarse como colonos en las zonas soldados-khardesiaconquistadas. Cuando se licencian se le da botín de guerra, que consiste en tierras en propiedad vitalicia y dinero, cuya cuantía depende de los años que hayan servido al Imperio. Los Ciudadanos, la sexta clase social, reciben además esclavos.

Los miembros de las cinco clases sociales de mayor poder no reciben esclavos procedentes de las conquistas, ya que se supone que poseen medios propios para comprar tierras y sus propios esclavos. En su lugar reciben parte del botín de guerra o, si lo prefieren, la promoción a un puesto político en las colonias. Esta opción es muy valorada, ya que la posición social adquirida suele llevar asociada grandes terrenos en las colonias, riquezas y el reconocimiento popular.

El Consejo de Veteranos sirve como órgano de consulta de los Generales, aunque a veces reciben consultas de los Sacerdotes o del propio Emperador. Está formado por ciento cincuenta miembros, pero se renueva cada año, en función de la edad de los consejeros, los méritos de los aspirantes y las bajas voluntarias o mediadas por el Emperador.ancient-roman-architectur-3

Los aspirantes deben esperar a que exista un puesto vacante, mientras tanto pasan a formar parte de los Consultores, con un estatus social idéntico al de los Consejeros, y que sirven como órgano de consulta para el Consejo. Tanto el Consejo de Veteranos como los Consultores reciben anualmente una parte del botín de guerra Imperial, consistente exclusivamente en dinero. Cuando un consejero abandona el cargo, el Emperador le concede tierras dentro del Imperio en función del tiempo que haya estado en su puesto y las labores que hubiera desempeñado para el engrandecimiento de Khardesia.

Aquellos veteranos humanos, tanto khardesitas como extranjeros, que se licenciaban tras quince años ó más de servicio al Imperio, podían volver a Khardesia y entrar a formar parte del grupo de Consejeros Veteranos. Esta era la única manera oficial que tenían los humanos nacidos fuera de Khardesia de lograr la nacionalidad khardesita para sí y para sus hijos.
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La Ciudad Vieja: Intramuros

La capital de Jaldalsi fue la capital de un antiguo imperio. Pero el tiempo y el lento declive del poder imperial han pasado factura a sus espléndidos edificios y hoy en día no es ni una mera sombra de lo que llegó a ser. Intramuros, la ciudad se dispone en círculos más o menos concéntricos que, si bien en un principio fueron creándose sin más

ciudad-vieja-newtargonorca1 propósito que el de dar cabida a la creciente población de la urbe, con los años sirvió para establecer zonas sociales bien diferenciadas.

El Anillo Interior, el Quinto Anillo desde las puertas exteriores y Extramuros, y por tanto la ciudadela original, se elevó sobre un monte, aprovechando la orografía abrupta para levantar los muros defensivos y el castillo.

A día de hoy, y tras el desarrollo arquitectónico de miles de años alrededor del palacio Imperial, el anillo está ocupado por la Ciudad Imperial. Las edificaciones se extienden alrededor de las laderas hasta las murallas. Las progresivas ampliaciones, constituidas a los largo de los años, se han ido organizando a partir de esta ciudadela interior, de modo que cada uno de los círculos está situado a un nivel por debajo del anterior.

En este primer nivel es donde residía la familia Imperial de Jadalsi, junto con buena parte de la alta nobleza y del alto clero. Y allí es donde los sacerdotes emplazaron la catedral mayor de Jadalsi, el “Templo de las Mil Campanas”, llamada así por sus innumerables campanarios y torres.

imagenesconcurso7_3Las calles se han diseñado para que parezcan un entramado de elegantes recintos ajardinados, separados unos de otros. Estos jardines comienzan en la muralla y se van elevando progresivamente unos sobre otros hasta alcanzar muchos niveles por encima de los barrios de los nobles menos influyentes. En ellos hay estanques de peces dorados y de colores, miradores, balconadas y cenadores, senderos de piedra entre arbustos que los jardineros han recortado para simular bosques de embriagadoras fragancias.

Y, desde el centro mismo, el palacio Imperial mira por encima a las demás edificaciones. Y se dice que, en lo alto de sus muros, existe una terraza aislada donde los primeros jardineros crearon un jardín de descanso a imagen y semejanza de las selvas de Rhiuné.

En el Anillo Interior no hay apenas presencia militar y, salvo excepciones, sólo los Dragones Dorados están autorizados a entrar armados, dado que de ellos depende la protección de la familia Imperial. Ésta es la Guardia Imperial, un cuerpo de elite compuesto por no menos de ciento cincuenta mujeres armadas con grandes espadas y armaduras de placas de color oro. El nombre “Dragones Dorados” hace honor al Gran Padre, señor celestial y patrón de la ciudad.932035-20060928-screen002

Los muros tienen tres puertas de acceso y, anexos a cada una, hay un cuartel de los Dragones Dorados.

Según se atraviesan estas puertas, se entra en el Cuarto Anillo, la llamada Ciudadela Noble, donde se disponen los barrios de los nobles menos pudientes y los comerciantes más ricos. Aquí la población está formada por un grupo más heterogéneo, ya que éste es el mejor lugar donde se les permite a los extranjeros más ricos alojarse. Y también allí es donde pueden encontrarse las casas de los miembros de esta guardia imperial, lujosas fincas con amplios jardines.
En cada una de las nueve puertas de acceso al Tercer Anillo hay un cuartel militar para las patrullas, que está constituidas por soldados de la Fuerza del Alba. Dicha formación militar está destinada en exclusiva a vigilar éste anillo y evitar el acceso a la ciudadela interior.

Según atravesamos una de las nueve puertas nos adentramos en el Tercer Anillo, la Ciudadela de los Sacerdotes. Es aquí donde se levantan la mayoría de las casas de los burgueses, las clases medias con dinero suficiente para permitirse vivir con cierto lujo, pero lejos del nivel de la Ciudadela Noble. En este nivel abundaban también los templos a los Dioses Grises, las casas de los sacerdotes y los pequeños huertos y jardines de los acomodados. Es aquí donde tienen su ubicación las escuelas de esgrima de Jadalsi.

La superficie de la Ciudadela de los Sacerdotes es enorme, dado que en ella también hay campos de cultivo y pastos con ovejas, cabras y vacas, todos ellos propiedad de la familia Imperial y de los nobles más pudientes. De este modo tienen asegurada la subsistencia en caso de asedio ya que, mientras resistan los muros de este tercer círculo, los círculos interiores tendrán comida. El grano recolectado se guarda en graneros existentes bajo la Ciudadela Imperial, así como la carne tras ser salada o el pescado tras ser puesto en conserva.

FirstGuard1Cinco son las puertas de acceso desde el Segundo Anillo, controladas por el ejército regular de la familia Imperial.

El siguiente es el Segundo Anillo, o Ciudadela de los Comercios, donde viven la mayor parte de las gentes de la urbe. Allí hay posadas, tabernas, prostíbulos; es en sí misma el corazón de la Ciudad Vieja. Y nada destaca más en este círculo que el templo de Troril. La promesa de recompensas fáciles, unido a las penurias derivadas del coste de las campañas contra el vecino Imperio Khardesita, han hecho prosperar las enseñanzas de la Oscuridad. Lejos los tiempos en los que los jadalsitas profesaban su devoción al Gran Padre, el pueblo ha vuelto los ojos a los dioses Oscuros en estos tiempos de carencias y pobreza.

Siete puertas dan acceso a través de la muralla al Anillo Exterior. La guardia de esas puertas no son miembros del ejército de Jadalsi, ni siquiera son tropas regulares al servicio del Emperador. Pues cualquiera que haya visitado La Ciudad Vieja sabe que el segundo anillo es del completo dominio de los Dioses oscuros, y son sus tropas las que patrullan las calles, vigilan las puertas de acceso y regulan el tránsito de personas y mercancías.

Tras atravesar alguna de las siete puertas, se entra en el Primer Anillo, el más exterior. La que es denominada Ciudadela del Pueblo, no es sino una amplia ciudad formada a partir de las casas de trabajadores. Las gentes más humildes tienen allí sus casas, además de los extranjeros menos adinerados. Al resguardo de los muros hay también campos de cultivo y granjas. Y los soldados del ejército y sus familias viven en el Primer Anillo.

La defensa de la Ciudad Vieja comienza con sus imponentes muros blancos, defendidos por acuartelamientos de tropas dispuestos a sus pies.

Quince son las puertas dispuestas a lo largo de las blancas murallas para dar acceso a la Ciudad Vieja.

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Târríen: La creación según la tradición Khardesita

LA CREACIÓN SEGÚN EL IMPERIO KHARDESITA

Perdido está en la memoria del hombre el nacimiento del mundo, olvidado por aquellos que abrieron sus ojos a la vida en Târríen, la pequeña joya llamada por los eruditos Therría Kherrhiia Tarríen.

Hubo un tiempo en que el mundo no era como hoy lo conocemos, un momento en la historia de los infinitos planos en el que los continentes tenían otras costas, otras montañas desafiaban los cielos y los mares, hoy secos, bañaban otras playas.

Poco o nada sabemos de esta época, y lo que se narra suelen ser Leyendas o mitos, folklore de gentes temerosas del destino que, incapaces de abrir sus mentes a la inmensidad, se encierran, timoratas, tras el velo de la autocomplacencia, de las mentiras y el engaño que los bardos tejen con destreza.

Poco sabemos, es cierto, pero algo si está claro. Hace mucho, mucho tiempo, otra raza vagó por el mundo, una raza muy similar al hombre actual, pero también muy diferente… esta raza es llamada por lo eruditos los Primeros Humanos.

Su existencia está más allá de toda duda, como demuestran los restos que de ellos nos han llegado. Y no sólo hay que hacer referencia a sus antiguas máquinas de guerra, cuya eficacia y letalidad ha quedado contrastada en numerosas ocasiones a lo largo de los siglos. Ni a las ruinas que tapizan las montañas, las praderas y los mares.

No, todo son menudencias si se compara con que, en algún momento de su historia, crearon el Cinturón de Khalendria. Y más increíble es pensar que, según se cree, allí donde hoy vagan errantes las lágrimas de los Dioses, antes hubo una tercera luna.

Pero, ¿dónde están hoy los Primeros?

Los eruditos nos cuentan que, en algún momento, los Primeros entraron en guerra. Contra quién, o contra qué, nadie lo sabe.

Sólo sabemos una cosa… Perdieron.

Cuanto tiempo pasó desde su desaparición hasta el resurgimiento de nuevas razas inteligentes nadie lo sabe a ciencia cierta. Pero algo en lo que casi cualquier escuela coincide es en que, fuese cual fuese la causa de la Caída de los Primeros, el mundo no volvió a ser lo mismo.

Fuerzas desconocidas irrumpieron en nuestra realidad. La Oscuridad mutó el mundo, alterando su forma y la vida que en él existía. El orden inmutable de la Luz dirigió algunas modificaciones, luchando contra la Oscuridad, reestableciendo y reestructurando bajo su poder cuando la eterna lucha lo permitía.

Por fin, la magia primigenia de los Dioses Grises envolvió el mundo, favoreciendo la evolución de los simios hacia lo que serían, con los milenios, los nuevos Humanos, la raza por excelencia de Târríen, y sin duda la más ambiciosa y expansionista, a la par que la más beligerante e intolerante.

De los mares surgieron también, imbuidos en esa magia, los cetáceos, que habrían de convertirse en los Heinäe, los perfectos, los leales, los fieles seguidores de los Dioses Grises.

Antiguos sirvientes de los Primeros sobrevivieron en cuevas, profundas minas donde trabajaban para sus altos señores. Estos restos de la gloria de antaño sufrieron la degeneración de la tierra, la maldición de la alteración de la Oscuridad, y la posterior reforma de la Luz en las guerras por el poder de la antigüedad. Cuando el conflicto cesó salieron a la luz y bajo la iluminación del Gran Padre evolucionaron hasta lo que hoy se denominan Enanos.

Otras razas hollaron el mundo en la antigüedad, pero ninguna logró sobrevivir en la difícil carrera de la evolución, o al menos eso creen los sabios.

La Luz y la Oscuridad también trajeron a Târríen a lo largo de los milenios multitud de sirvientes para luchar en sus guerras, y algunos de los que sobrevivieron lograron prosperar con el paso del tiempo. Estos seres raras veces conforman razas lo suficientemente estables y homogéneas como para que los eruditos los consideren poco más que criaturas o bestias inteligentes. Las pocas razas no autóctonas de este plano que merecen el tiempo empleado en su estudio reciben tradicionalmente la denominación genérica de Hombres Bestia; el resto son simplemente Demonios, seres cuya mera existencia es un insulto para la vida.

Finalmente, cien mil años después de la Caída de los Primeros, y después de que innumerables reinos se levantaran y cayeran en el tablero de poder de Târríen, surgió el que se autodenominó Sucesor de los Primeros. El imperio Afrasiano dominó mediante la política, la diplomacia y la guerra, cuando fue necesaria, la práctica totalidad de Târríen. Tardó siglos en establecerse pero, tras asentarse, veinte mil años de gloria deslumbraron a la humanidad.

Por primera y única vez el hombre doblegó los deseos de la Luz y la Oscuridad, y ambas iglesias fueron aceptadas por igual; sus cultos permitidos y sus sacerdotes respetados por todos. Las ciencias prosperaron hasta límites cercanos al tiempo de los Primeros, y los brujos removieron la misma esencia de la magia, explorando los planos eternos hasta en sus más lejanas manifestaciones.

Entre las grandes civilizaciones de aquella época sólo los Reinos Enanos y Rhiunè quedaron excluidos de su poder, prosperando independientes del imperio humano a lo largo de veinte milenios. Zonas aisladas o sin importancia económica ni cultural tampoco fueron conquistadas, como las Tierras Bárbaras, el Mar Seco o los Páramos.

Mucho de lo que actualmente somos se lo debemos al Imperio Afrasiano. Pero, como todo lo que hacen los humanos, su reino de gloria terminó por desaparecer.

Milenios de tranquilidad doblegaron la moral del hombre, la paz laceró su espíritu, y la envidia y el desprecio azuzaron sus armas contra sus pacíficos vecinos. Los Reinos Enanos resistieron replegándose en sus Ciudades–Mina, encerrados bajo la roca, indiferentes a los ataques.

Pero Rhiunè si respondió al ataque. Milenios de adoración a los Dioses Grises permitieron a los guerreros Heinäe resistir a las máquinas de guerra, demostrando que el músculo era igual, sino más fuerte que el metal. La magia Afrasiana fue más efectiva, pero el espíritu del mundo apoyó a los Heinäe en los momentos de penar, y no sólo repelieron la invasión, sino que ganaron las batallas y doblegaron al incursor. Lograron derrotar al Imperio Afrasiano… y precipitaron su caída, la Segunda Caída Humana.

En la batalla de la Llanura de Piedra las fuerzas Heinäe invocaron al poder de la tierra, y su hechizo transformó a un ejército de más de ciento cincuenta mil hombres en estatuas de piedra. Presas del pánico, las tropas humanas huyeron, abandonando la guerra y retirándose a sus casas, en un adelanto de la decadencia que vendría.

No fueron los únicos que sufrieron. Atormentados, los Heinäe se retiraron a sus tierras, cerraron sus fronteras y, por miedo a lo que podrían volver a hacer, juraron no volver a aventurarse fuera de sus confines. De eso hace ya dos mil quinientos años, y sólo hace unos años que ha comenzado a hablarse de caravanas que han logrado llegar a las ciudades de Rhiunè. Quizás simples mitos…

Para el imperio Afrasiano fue como si la magia de la tierra se hubiese vuelto en su contra, demostrando que ni Luz ni la Oscuridad podían frenarla.

Poco a poco las gentes fueron muriendo, los ríos se fueron secando y los niños dejaron de nacer. Ataques piratas quemaron puertos y segaron vidas en los mares, milenios de información marinera se perdieron, olvidándose las antiguas colonias, dejadas a la mano del destino. Los bárbaros comenzaron a atacar desde sus estériles tierras sobre las civilizadas poblaciones que ocupaban sus antiguos dominios, celosos de sus riquezas, temerosos de su ciencia y resentidos por los años de desprecio.

En las lejanas fronteras pueblos enteros lucharon por su emancipación y su libertad, tratando de huir de la debacle. Poco a poco pequeños grupos de insurrectos se fueron uniendo, surgiendo entre los sublevados líderes que engendraron países independientes. Y así nació la División, una zona de terreno baldío que separaba los leales al Imperio de los separatistas.

Por fin, toda esta hecatombe culminó el año 563 después de la batalla de la Llanura de Piedra, en el que sería, sin duda, el peor año de todos los que se recuerdan de la historia humana.

Asentando en focos de mala alimentación, pobreza y enfermedad, la peste se cebó en la población del Imperio, arrasando pueblos y burgos. Como si se tratase de un ataque militar de los ejércitos de la Oscuridad, la peste apareció súbitamente en múltiples regiones, matando a nobles y vasallos por igual.

Las gentes del campo, diezmadas, no pudieron recoger cosechas, y el hambre acompañó a la peste. Pueblos enteros quedaron desiertos.

Al tercer año de penurias tribus de hombres bestia, las más horrendas y terribles criaturas de la Oscuridad imaginables, bajaron desde las montañas buscando comida, enarbolando la bandera de la guerra y portando ríos de sangre. Legiones enteras de bestias inteligentes penetraron como el agua entre los dedos a través de las fortalezas, y la muerte campó a sus anchas por el mundo.

Los propios elementos parecieron participar en esta ofensiva. Entre el mar de los Dragones y el Mar Púrpura lluvias torrenciales devastaron la tierra, provocando inundaciones catastróficas. El hambre, la muerte y las epidemias hicieron que por todas partes creciese la multitud de pobres sin esperanza. En los caminos millares de errabundos mantuvieron un clima de inseguridad y violencia.

Ni la Luz ni la Oscuridad parecían poder con la fiereza de la tierra, y se moría de hambre ante las puertas de los monasterios. La fe en los Dioses sufrió su más dura prueba en el mismo corazón de las gentes. En muchas ciudades y en los campos la cólera se adornó con el manto religioso, confundiéndose la revuelta social y la esperanza religiosa.

Finalmente, en el año 571 apareció la cofradía armada en un pequeño monasterio de las montañas Ventosas. Estos guerreros santos, seguidores de la Luz, hicieron un juramento colectivo, prometiéndose caridad mutua, ayuda en tiempos difíciles y subordinación absoluta a los designios de la Luz.

Poco a poco, este grupo radical de guerreros fue extendiéndose, enfrentándose a las hordas de la Oscuridad. Gritando su servicio al Omnipresente, Creador y Guardián del Todo, difundieron su mensaje entre las gentes. Años de penuria, de sufrimiento y muerte hicieron que estuvieran dispuestas a escucharles.

Afirmaban que Él no podía tolerar por más tiempo que la Oscuridad mancillase su obra, y que les había elegido a ellos, los Benditos, como su martillo en el mundo. Advirtieron que el mundo se encontraba ante una gran, una hermosa y drástica transformación.

Según ellos, tres edades marcarían la historia de Târríen, y cada una de ellas era una etapa del hombre.

Primero fue la Edad de los Primeros Humanos, perdida en el tiempo. Luego fue la Edad de los Hijos, que estaba finalizando. La tercera edad sería la Edad del Evangelio Eterno, culminación de la historia humana.

Si la primera edad estuvo dominada por las revelaciones, la segunda por la fe y la sumisión, la tercera sería la del amor, del gozo y de la libertad. No habría riqueza ni pobreza, desaparecería el poder, sustituido por una comunidad en libertad de seres perfectos. Él se revelaría directamente en el corazón de los hombres.

Pero todas las edades han estado precedidas por una transición, un período trágico con sus dificultades, sus tensiones, sus catástrofes. En aquel momento se estaba entrando en ése período, y la lucha y derrota de la Oscuridad supondría el advenimiento del espíritu.

Las luchas fueron brutales. De entre los restos del Imperio surgieron más y más Benditos, guerreros iluminados, fanáticos que quemaban a los seguidores de la Oscuridad, destripaban a los que se les oponían y prácticamente exterminaron a los hombres bestia.

Con el paso de las décadas una nueva nación vio la luz. De las cenizas del pasado, la humanidad reedificó un reino. A este reino se le dio una capital, PuntoCentro, lugar donde los Benditos recibieron su don y desde el que iniciaron la reconquista. Y al país le denominaron Imperio Khardesita en honor a Khardes, el sumo sacerdote del templo de la señal. Otros simplemente lo denominaron el Imperio, tratando de dejar bien claro que sólo ellos eran los herederos del antiguo Imperio Afrasiano.

Pero esto no fue un final, sino que habían empezado los problemas para la humanidad. El período de transición no había hecho más que comenzar.

En el Sur, los fieles seguidores de la iglesia de la Oscuridad resistieron a los ejércitos de la Luz, y crearon un país a la mayor gloria del panteón Oscuro. Y lo llamaron la tierra de Arkhem.

En la división surgieron grandes naciones, todas ellas resentidas de su origen y bajo distintas ideologías. Jadalsi brilló con luz propia durante dos mil años, pero como todo lo que arde vivamente, terminó perdiendo su fulgor en la noche del tiempo. Kalanti, nación de ricas y autárquicas Ciudades–Estado, expandió sus territorios con fiereza durante años, pero finalmente perdió el empuje necesario y cayó en los mismos errores que el antiguo imperio. Hyarmaniel, con sus verdes bosques, desafió y aún desafía al Imperio, aunque nunca se mostró contrario a las caravanas de mercancías. Las llanuras de Zanelay fueron, y son, libres como el aire, peligrosas como el agua, fascinantes como el fuego y vivas como los bosques.

En el Noroeste, nobles de las casas gobernantes erigieron un reino en el que no habría rey, sino que ellos serían el poder, y lo llamaron Acrotiria. Y más allá, los salvajes despreciados por el antiguo imperio establecieron un beligerante reino, al que llamaron Isbandem.

En el Sudoeste, nobles guerreros renegaron de la Oscuridad y de la Luz, rehusaron caer de nuevo en sus garras y, resentidos por el sufrimiento que habían acarreado a la humanidad, volvieron a la senda del mundo. Así surgió Lerthan, el reino donde los más nobles y puros guerreros decidieron dirigir sus destinos. Y a su sombra creció Perasthan, un enorme mar de fértil tierra, dorada como los cereales, verde como las hortalizas, amarilla y escarlata como las refrescantes uvas.

Y más allá de la influencia del Imperio prosperaron nuevas naciones; unas lograron sobrevivir a la explosión de su propio nacimiento, pero otras murieron en los labios de los bardos.

Ajena a este pulsante ritmo de energía generacional, Rhiunè permanece dormida, distante, más un sueño que una realidad.

Aurelén de Serena, pluma de la sabiduría, brazo de la Luz.

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Târríen: La creación según la tradición Heinäe

La siguiente crónica está extraída de los manuscritos contenidos en el sagrado y odiado Libro de los No Nacidos. Benditos los ojos que hayan logrado apartarse de sus execrables volúmenes, porque ellos verán un nuevo día.

… y al mundo llegó Aggleddhull “el destructor”, “el devorador de almas”, “el odiado”, “el corruptor”, y la vida murió a su paso. No se sabe cómo llegó, ni quien sirvió de puente entre su dimensión, maldita sea mil veces mil, pero lo cierto es que los Primeros no estaban preparados para detener su aciago avance.

Hasta entonces los Primeros Humanos, una raza que nació del polvo cósmico y fueron moldeados por el Gran Padre para habitar en Kharría Tarríen, habían aprendido a dominar y amoldar a voluntad el mundo y la naturaleza. Su magia, poderosa como su propio espíritu, les permitió realizar grandes obras, e incluso llegaron a alterar la realidad. Permitieron que los Señores de la Luz dominaran al Oscuridad, que el orden acabase con la aleatoriedad de la existencia. Y los Dioses Grises no pudieron evitar el equilibrio de poder; el Gran Padre creador y dador de vida fue herido en su más íntima esencia.

Posiblemente de aquella manera llegó al mundo Aggleddhull “el señor de los siete infiernos”, trayendo a todos sus hermanos tras de sí, y ni todos los grandes sabios de los Primeros pudieron detenerlos.

El afán de la esencia de la Oscuridad por corromper el mundo, por retorcerlo desde sus propias entrañas, anidaba en el pecho de Aggleddhull y su corte, y los Primeros y su magia no suponían sino una efímera molestia. Para solucionar este estorbo, los Señores de la Oscuridad crearon a los hombres bestia, profanando la esencia de los Primeros, y los modeló a imagen y semejanza de caóticos seguidores de otros mundos.

Los hombres bestia sólo sabían matar por y para sus amados Dioses, y se lanzaron contra las defensas de unos sorprendidos humanos. Las batallas eran sangrientas, y a pesar de la superioridad de los Primeros en el campo de batalla, allí donde caía un Hombre bestia tres tomaban su lugar. Durante miles de años ambos bandos lucharon y murieron, y ninguno pareció flaquear.

Mientras los muertos de ambos bandos se amontonaban en los campos de batalla a todo lo largo de Kharría Tarríen, en los planos superiores los sabios luchaban directamente contra Aggleddhull y su corte, aunque cada vez iban debilitándose más y más.

Harto de la pérdida de tiempo que la resistencia le estaba produciendo, y ante la necesidad de atender más directamente a los ataques místicos que parecían redoblarse en un desesperado intento de detenerles, los Señores de la Oscuridad trajeron a este plano a sus demonios servidores.

Desde ese día la raza de los Primeros Humanos estuvo abocada a la desaparición.

Las fuerzas demoníacas se unieron a los hombres bestia y cayeron una vez más sobre los Primeros, que poco a poco fueron cediendo ante su fuerza. Mientras, los sabios fueron, poco a poco, retirándose de los planos superiores ante las enormes pérdidas que estaban sufriendo.

Finalmente, la situación se hizo insostenible. Los recursos humanos no sólo se fueron agotando, sino que los constantes ataques de las tropas del Oscuridad hacían cada vez más difícil preparar adecuadamente a las levas para el combate. Una tras otra, las ciudades de plata de los Primeros fueron cayendo ante el avance del Oscuridad, sus gentes muertas o pervertidas por los Señores de la Oscuridad, y sus almas condenadas al olvido.

Finalmente, tras más de diez mil años de guerra, las tropas de los Primeros nacidos, con pocas y mal preparadas unidades, fueron completamente derrotadas en la Batalla de Korangar.

En un último y desesperado intento de sobrevivir y evitar que Kharría Tarríen fuera corrompido totalmente por Aggleddhull y su corte, los últimos sabios invocaron la ayuda de los Señores Blancos. Este fue el comienzo de la Guerra de los Dioses. Durante años habían sacado tiempo al tiempo para poder llamarles cuando todos los signos fueran correctos.

Y, en ese momento de necesidad extrema, los Señores de la Luz acudieron a su llamada, y camparon por el mundo. Y trajeron fuerzas leales a la Luz que lucharon con furia contra el Oscuridad, guerreando en tierra contra las tropas de hombres bestia y demonios; y ellos mismos lucharon en los planos superiores, junto a los sabios humanos, contra el corruptor de la vida y su corte.

Y en su fiereza se desataron sobre Kharría Tarríen las mayores fuerzas conocidas hasta entonces, sólo equiparables a las fuerzas primigenias del Gran Padre.

Aggleddhull fue malherido y encerrado en lo más profundo del Empíreo, su corte de oscuros señores desterrada del mundo y sus fuerzas derrotadas. Los sabios supervivientes, los últimos de su raza, decidieron quedarse a guardar su prisión, para evitar que nunca más volviese a impregnar Kharría Tarríen con su esencia. Los Señores Blancos, heridos y débiles, aunque victoriosos, se retiraron a recuperar fuerzas. El Gran Padre, duramente castigado y mortalmente herido, se precipitó hacia el mundo provocando en su caída un cataclismo sólo similar a la Guerra de los Dioses. El mundo se sumió en una espesa niebla, y las aguas subieron hasta cubrirlo prácticamente todo.

Al cabo de varios cientos de miles de años el mundo comenzó a regresar a la normalidad, para finalmente florecer como lo conocemos en la actualidad. Allí donde antes sólo estaban los Primeros fueron apareciendo distintas razas surgidas de las fuerzas mágicas liberadas por el cuerpo inerte del Gran Padre. Estas razas surcaron libres y salvajes el mundo durante generaciones y, con el paso del tiempo, fueron desarrollando culturas distintas.

Con el lento paso de los siglos nacieron y desaparecieron reinos, países enteros vieron la luz y finalmente se hundieron en el olvido. Sólo los más fuertes sobrevivieron.

En un intento de emular al Gran Padre, los Señores Blancos apoyaron en su desarrollo a los nuevos seres humanos, los segundos nacidos, y estos forjaron el Imperio Afrasiano. Aunque lejos del esplendor alcanzado por los Primeros, el Imperio floreció entre el barbarismo de sus vecinos, a los que terminó conquistando, dominando o exterminando.

En el Sur, seres inteligentes creados en el remoto pasado mediante las artes de la Luz por los Primeros, antiguos vasallos y sirvientes, levantaron un reino que resistiría a los envites de su belicoso vecino. Esta raza fue despectivamente denominada por el Imperio como enanos, y su país llamado los Reinos Enanos.

Más allá, también en el Sur, una nueva raza alumbrada por el Gran Padre desde las puras aguas del océano edificó un reino en perfecta armonía con el planeta. Los Heinäe, virtuosos entre los virtuosos, lograron llevar el poder de los Dioses Grises hasta límites impensables para sus vecinos, y Rhiunè brilló en las noches de Kharría Tarríen como sólo las estrellas pueden hacerlo.

El Imperio Afrasiano, leal seguidor de los Señores Blancos, pronto desaprobó las creencias de sus vecinos; la guerra no fue sino el fin lógico en las mentes de sus líderes y sacerdotes. El pueblo fue llamado a la guerra Santa contra los infieles, y las tropas chocaron contra las defensas de los Reinos Enanos y de Rhiunè. Los enanos retornaron a las cuevas que habían habitado tras la Guerra de los Dioses, y desoyeron los gritos de guerra de los humanos. Los Heinäe, sin embargo, si fueron a la guerra, y Kharría Tarríen tembló a espada, fuego y sangre.

Mientras la Luz y los Dioses Grises se destrozaban mutuamente, la Oscuridad permaneció al acecho, esperando un descuido de sus cuidadores, curando sus heridas, haciendo planes. Grupos de hombres bestia y demonios habían sobrevivido a la Guerra de los Dioses y a la catástrofe que trajo consigo en los más altos picos montañosos. Ahora que el Imperio se debilitaba las huestes del Oscuridad comenzaron a bajar de las montañas y acosar a los humanos.

La guerra contra los Heinäe supuso el primer fracaso de la historia del Imperio. Sus tropas fueron derrotadas, su moral se arrastró por los suelos y la iglesia de la Luz fue terriblemente humillada.

Los Señores de la Oscuridad, fortalecidos, volvieron de nuevo entre las criaturas mortales, y sus leales fuerzas estaban esperándole para iniciar una nueva guerra. Los eruditos del Imperio, tras percatarse del peligro, lucharon con ahínco como los Primeros habían hecho tiempo atrás. Sus tropas lucharon con valor, expulsando al Oscuridad donde podían o retirándose de las zonas perdidas.

Finalmente, en la Batalla de los No Nacidos, las fuerzas de Aggleddhull y sus huestes oscuras terminaron con las defensas humanas. Y el Imperio Afrasiano comenzó una lenta desintegración que conduciría, años más tarde, a su completa desaparición…

Arquías ven Azehäs, jefe de escribas y guardián de la memoria.

………………………………………

Bien, este es más o menos el relato de la creación de Kharría Tarríen, el mundo en el que habitamos. Cómo y cuando fueron creados los Primeros Humanos no nos ha sido posible de determinar, pues todo lo que sabemos sobre ellos ha sido descubierto en los yacimientos arqueológicos.

Hoy en día el mundo aún recuerda las diversas guerras y batallas que la lucha eterna ha originado; ahora y siempre, el Mar Seco nos recuerda la caída del Gran Padre.

Desde la Batalla de los No Nacidos la Luz y el Oscuridad campan libremente por el mundo. Los Señores de la Oscuridad le enseñaron la magia al hombre, y como usarla para luchar eternamente contra los seguidores de la Luz. Y su magia es cada vez más poderosa. Los Señores Blancos, por su parte, siguieron apoyando a los humanos que tan lealmente les sirvieron y sirven en su eterno conflicto.

Las diversas razas han ido evolucionando poco a poco desde su aparición, desarrollando diversas culturas a todo lo largo de Kharría Tarríen. Unas crean, otras destruyen sin aparente raciocinio, y todas buscan su lugar en el mundo. Más allá del mar naciones de humanos descubrieron las enseñanzas del Gran Padre, y como luces en la noche, luchan contra uno u otro bando por mantener sus creencias, cuando no la vida.

En el Norte aun quedan hombres bestia, y en las montañas los Demonios aguardan su momento. Puede incluso que alguno de los Primeros Humanos lograse salvarse. Los Señores Blancos y los Señores de la Oscuridad siguen en guerra, y tarde o temprano Kharría Tarríen volverá a sangrar por su causa.

Pero, ahora y siempre, los Heinäe mantendrán viva la llama del Gran Padre, defendiendo la vida como antaño hicieron nuestros padres. Pues ése es nuestro lugar en el mundo.

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