Cuentan los que la conocÃan que el rostro de la Capitana Diuleccia Alia era serio y franco, como el de un buen jugador de Kannar, y su sonrisa tranquilizadora, como la de una serpiente venenosa justo antes de morder a su presa. En efecto, era tan atractiva y peligrosa como decÃan. Alta, de pelo rojo como el fuego y largo hasta las caderas, de ojos color rubÃ, su cuerpo estaba contorneado por el duro ejercicio al que sometÃa a su Ala de caballerÃa. La visión de una mujer semejante era suficiente para que, en otras circunstancias, el corazón de cualquier hombre se acelerara.
La Capitana comandaba una de las mejores y más laureadas tropas de caballerÃa de las que disponÃa el Imperio Khardesita. Su unidad estaba encuadrada en la Legiónde Acero, bajo el mando directo del General Sestelius Eru Pretor.
Los soldados de aquella Legión se encontraban en permanente movimiento y, entre sus múltiples obligaciones, estaban las de vigilar el tránsito de mercancÃas por las calzadas del Imperio, escoltar a los altos cargos del clero khardesita, recaudar los impuestos y transportarlos a la capital, vigilar el cumplimiento de la ley dentro de las fronteras, a veces incluso ejecutar los veredictos y, la que constituÃa su principal función, servir de ayuda y refresco a las demás Legiones allà donde se las necesitase.
Para poder realizar aquellas funciones, la Legión de Acero tenÃa una serie de caracterÃsticas peculiares que la diferenciaban de las otras ocho Legiones Imperiales. En primer lugar, estaba formada por seis Tercios, el doble de
lo normal, aunque en la práctica siempre se encontraba dividida, y en segundo lugar, dada su movilidad eran los Prefectos, y no los Coroneles, quienes mandaban las fuerzas en movimiento.
Asà que el puesto de la Capitana era, a efectos de responsabilidad y competencias militares, equivalente al de un Prefecto de cualquiera de las otras Legiones. Algo impresionante en una mujer tan joven.







































