Los Idiomas de Târríen

La necesidad de plasmar los pensamientos, dotando a los mensajes de una inalterabilidad a pesar del tiempo, ha sido una constante en la historia del ser humano. Pero durante tras un largo período de tiempo, de decenas de miles años, apenas han florecido un centenar de idiomas respaldados por ideogramas, pictogramas o alfabetos capaces de expresar lo que se formulaba con palabras.

Dejar marcas en los caminos, erigir rocas y grabarlas con grifos ceremoniales son las formas de escritura más antiguas. Luego se dio paso a la representación mediante ideogramas usando las figuras de animales y las situaciones de la vida cotidiana, tratando de que los símbolos fueran iguales y homogéneos para facilitar su entendimiento por otros lectores, unificando y creando así los más antiguos sistemas de escritura conocidos, la escritura ideográfica.

Esta etapa, denominada por los estudiosos como la era “pre–Primeros”, estuvo marcada por el difícil acceso a la escritura por parte de la humanidad. Sólo una minoría, una élite intelectual, estaba capacitada para usar la escritura. La casta de los escribas dominó el arte durante milenios y, a pesar de que posteriormente desaparecerían con el advenimiento de los Primeros, son numerosos los eruditos que sostienen que estos no fueron sino escribas que llegaron a la perfección de su arte.

Posteriormente, según iban ganado en complejidad los sistemas de escritura, los ideogramas fueron incapaces de representar todas las palabras que se empleaban. Primero ganaron en complejidad, representando a veces dos o tres elementos visuales, dificultando enormemente la tarea de los escribas, pero finalmente se llegó al gran cisma. Mientras algunos pueblos siguieron usando los ideogramas como sistema de escritura, otros vieron que este sistema era limitado, que el mundo y la historia lo desbordaba, y crearon los alfabetos como forma de dar sustento a la palabra y la sílaba.

Este avance ha sido el punto en el que tradicionalmente se dice que aparecieron los Primeros. Muchos de los sucesos de aquella época se han olvidado, perdidos en las corrientes de la historia, o forman parte de la leyenda. Pero los pocos eruditos que afrontan el tema de forma seria proponen que los escribas descubrieron con las palabras el poder del cosmos, y cambiaron el mundo.

Sea como sea, la era de los Primeros Humanos duró miles de años, y la humanidad llegó a cotas de civilización que aún hoy nos asombran.

Durante esos milenios se fueron produciendo cambios en los sistemas de escritura. Los Primeros desarrollaron modificaciones que variaban, a veces sutilmente y otras de forma drástica, de los sistemas originales. Algunos estudiosos sostienen que esto era debido simplemente a las sutiles variaciones derivadas del poder de las palabras. Otros no opinan lo mismo, y afirman que con estas variaciones los Primeros labraron su propia caída, pues unos cuantos se mantuvieron férreamente anclados en los sistemas escritos clásicos, lo cual trajo al mundo a los Dioses de la Luz, y otros lograron a través del cambio el advenimiento de los Dioses de la Oscuridad.

Y así fue como los Primeros Humanos traicionaron al mundo. Traicionaron al Gran Padre.

Miles de años después de esta división, con la civilización de los Primeros yaciendo como cenizas en un campo de batalla, nuevas formas de vida vieron la luz, y otras no tan jóvenes volvieron a florecer, todas ellas bañadas por el amor inconmensurable del Gran Padre. Estos pueblos, herederos de un mundo consumido por fuerzas cósmicas, fueron los humanos, descendientes de los Primeros aunque sin la llama eterna que anidaba en sus espíritus, los Enanos, despectivamente denominados “los deformes”, los Heinäe, descendientes según todos los estudios de antiguos seres marinos, los elfos y los hombres bestias, los Barúm y los Babuínos, y otros muchos seres inteligentes que habitaron y habitan Târríen.

Aunque la civilización de los Primeros Humanos se había perdido, las nuevas razas prosperaron, a veces creando y otras apropiándose de conocimientos arcanos y, finalmente, redescubrieron la escritura de los Primeros. Sin embargo, aunque esto trajo el redescubrimiento de los Dioses de la Luz y de la Oscuridad, estos pueblos no fueron tan osados, ni tan poderosos, como sus ancestros, y el resultado no fue tan devastador como en tiempos. Aunque muchos sufrieron a causa de la natural curiosidad de los estudiosos.

Con los años se fueron modificando los sistemas de escritura y, finalmente, se llegó a la creación de un sistema más práctico y eficaz, descomponiendo las sílabas en vocales y consonantes, creándose los alfabetos para representar los distintos sonidos. Esta creación podría considerarse un éxito de la humanidad, aunque algunos pueblos no fueron capaces de abstraer las palabras en sus sonidos básicos, quedándose en la fase silábica, o peor aún, en la fase ideográfica.

Sólo los Heinäe optaron voluntariamente por no seguir los sistemas alfabético o silábico. Leales seguidores del Gran Padre, persistieron en la escritura ideográfica a pesar de la dificultad que representaba adaptarla al paso de los años, a la evolución de sus gentes y al desarrollo de su civilización. Desarrollaron la ideografía a lo largo de miles de años y lograron aunar el sistema con el mismo universo, el verbo con la esencia, desarrollando “la Lengua”, la forma escrita y hablada de las verdades cósmicas, o como algunos eruditos prefieren decir, la verdadera voz del cosmos.

El resto de las lenguas fueron condicionando los sistemas de escritura, que además se veían influidos por los años y por las ideas religiosas de una u otra fuerza.

Actualmente sólo se usan cinco alfabetos por las distintas lenguas de Târríen, siendo trece los idiomas más conocidos y hablados. La mayoría de ellos respetan unas reglas comunes, cuando no derivan de la lengua original de los escribas. Las formas han variado, así como las palabras, las representaciones o las gentes que las usan, pero la esencia, los preceptos originales han perdurado a lo largo de los milenios hasta ahora.

Baare: Hablado en Zhar-Ibhar.

Comercial: Hablado fundamentalmente en los Reinos Enanos, Metalia y Alfhra (en la práctica es el segundo idioma más hablado en Târríen).

Dhubrylhia: Hablado por la nobleza de Kalanti. Lengua empleada para los rituales religiosos, sacrificios y hechicería.

Emhäl: Hablado en Lerthan y Perasthan (muy similar al Frasin, tanto que hay quien sostiene que no es más que un dialecto).

Frasin: Hablado en la antigua área del Imperio Afrasiano, que comprende el Imperio Khardesita, los reinos de Kalanti, Jadalsi, Nagadia y en las Llanuras de Zanelay. Es el idioma más común de Târríen.

Itnal: Hablado en el Imperio Khardesita (lengua culta empleada para los actos religiosos y políticos, y para la magia).

Izzu: Hablado en las Tierras Bárbaras (la forma escrita se representa mediante runas.

La Lengua Antigua: Lenguaje del Gran Padre, la lengua de la Creación. Su sintaxis es elaborada y consta de un léxico de más de tres mil caracteres. Los distintos significados dependen del orden de las palabras. Es rica en consonantes, más de cien, pero con sólo nueve vocales. Las palabras suelen ser monosilábicas, cada una acompañada de un tono que distingue los significados de las palabras. A esto se añade el cambio de tono cuando dos o más sílabas de determinados tonos aparecen en la misma frase, a lo que se añade que los tonos se ven modificados en función de las entonaciones y los acentos. En la práctica, alguien que no la domine y escuche una conversación en la Lengua Antigua creerá estar escuchando una canción tarareada, sin una letra comprensible. El sistema ideográfico de escritura no es más claro. Los ideogramas, que pueden leerse de arriba abajo, de abajo a arriba, de derecha a izquierda y de derecha a izquierda, y sin signos de puntuación, no presentan relación entre los signos y su pronunciación, por lo que deben aprenderse por separado. Tradicionalmente, los eruditos sostienen que la escritura posee un poder mágico al permitir establecer contacto entre e espíritu humano y el poder del universo. Con tan alta virtud, la caligrafía busca una estética animada por un intento por expresar la personalidad de quien escribe a través de ella. De modo que el fin último de la literatura escrita es la búsqueda de la comunión con el Gran Padre.

La Lengua Negra: Hablada en Tomoko.

Lacalo: Hablado por los Jinetes de Daerne.

Massha, la lengua de los espíritus: Hablado en la Tierra de Arkhem (que, aunque tiene cierta similitud a La Lengua Antigua, no parece ser un dialecto).

Onich: Hablado en Acrotiria.

Rhon: Hablado en los Yermos del Norte (no tiene forma escrita, y sólo lo cantan los bardos).

Thâm: Hablado en el Desierto Thambarik.

Thong: Hablado en Isbandem (aunque también se habla habitualmente el Frasin).

Wyrmico: Lenguaje común y cotidiano de hablar en Rhiunè, Iruh, el Mar Seco y en la meseta de Tharas.

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