Los Dragones decidieron ayudar en el desarrollo cultural de las razas inteligentes, a las que consideraron dignas de ser llamados discÃpulos suyos, creando una élite con los alumnos más aventajados y nobles.
AsÃ, a lo largo de siglos instruyeron a individuos de varias razas que destacaron por su altruismo y pureza de corazón. Pero, al contrario que la Gran Raza, los humanos engendraban hijos que heredaban poco o nada de la conciencia moral de sus padres.
Por ello, las Leyes fueron degenerando a medida que lo hacÃan los humanos, que las adaptaron subrepticiamente a sus intereses. Una vez que los Dragones desaparecieron y se extinguieron de TârrÃen, estas Leyes se perdieron, y fueron sustituidas por multitudes de leyes de caballerÃa, tantas como facciones de caballeros e intereses ocultos.
Pero, insisto, en principio, y durante unos pocos siglos de prosperidad, las Leyes de CaballerÃa fueron sólo una para todo el Mundo Conocido. Los Dragones las llamaban las Fauces del Gran Padre.
Al igual que las fauces del más poderoso Dragón jamás engendrado, estas Leyes podÃan servir para hacer Justicia con palabras, o bien aplicar la Justicia por la Fuerza.
Nótese la ambigüedad del nombre de estas leyes, cuidadosamente elegido por los Dragones. Los humanos debÃan entender que todas las cosas tienen doble uso: hasta el arma más poderosa y destructiva puede servir para construir.
Por supuesto, durante el Ocaso de los Dragones, la Ley Verdadera degeneró, y las facciones la cambiaron hasta el nombre a otro, por supuesto, más objetivo de acuerdo a sus intereses: La Ira del Gran Padre, El Odio que nos hace Vivos, etc.
Cuenta la leyenda que los Dragones, en aquella época de felicidad y dicha, dictadas las Leyes que habrÃan de gobernar el Mundo Conocido, decidieron plasmarlas en algo fÃsico y tangible, pues se dieron cuenta que los seres sólo creÃan en lo que se podÃa palpar.
Y entonces, tras años de búsqueda, encontraron el lugar exacto donde escribir, en su idioma natal, aquellas Sagradas Leyes.
Porque aquellos seres, hoy extinguidos, escribieron sus leyes en LAS FAUCES DEL GRAN PADRE.
Como muestra, trajeron un ciclópeo colmillo de su amado progenitor, para el que cuentan las crónicas que se necesitó de los 50 dragones más robustos de la época para su traslado. El colmillo tenÃa grabadas las leyes para que todos las conocieran y respetaran.
Las crónicas se vuelven contradictorias en este punto. Cada historia local o regional acapara para sà el honor de haber tenido en su territorio las Leyes, y asà mismo, culpa a la facción vecina, y enemiga, de su expolio y posterior desaparición.
Esto nos hace pensar en la posibilidad de que los Dragones hubiesen dejado al Gran Padre sin dientes, con el afán de que todos los Pueblos conociesen y tuviesen una porción de Justicia. Esto serÃa corroborado por la Leyenda que dice: “La Justicia volverá a todas las Tierras cuando el Gran Padre recupere todas sus Defensas“.
La realidad es otra. Hoy en dÃa, nadie recuerda las leyes, salvo un puñado de románticos que aún creen que los Dragones volverán de entre los muertos. Sin embargo, no deja de entristecernos esta gran verdad: La Ley ya no está en las palabras de los hombres, sino en sus espadas. Las Fauces del Gran Padre ya no sirven sino para vomitar fuego.
Las Leyes de CaballerÃa – Las Fauces del Gran Padre
1.- La Vida ha de defenderse como un Don Sagrado.
2.- La Vida propia no significa nada comparada con la de la mayorÃa.
3.- La Vida de un Caballero es para los demás, nunca para sà mismo.
4.- El combate ha de ser justo; si no, no se puede llamar combate.
5.- Nunca se atacará a un enemigo indefenso o con sus facultades sensiblemente mermadas.
6.- Las armas son el último recurso. La palabra es más poderosa que el Fuego.
7.- Al caer el Sol, se rezará al Gran Padre para dar Gracias.
8-. El Gran Padre y sus Hijos Alados son Sagrados: nunca levantarás arma contra ellos.
9.- La guerra queda prohibida: en ningún caso podrá ser declarada por humanos.
10.- Los bienes de un Caballero, como su vida, no son suyos.
11.- Sólo aquellos elegidos por Dragones podrán alcanzar rango de Caballeros.
12.- Sólo los Caballeros podrán tomar prestado el Cuerpo del Gran Padre para fabricar Defensas.
13.- A la muerte del Caballero, él y sus Defensas volverán al Gran Padre.
14.- La inmolación queda prohibida, salvo sacrificio o destierro del Gran Padre.
15.- Todo enemigo en Santuario deberá ser respetado.
16.- Queda prohibida la ostentación personal y la acumulación de bienes.
17.- Los Pecados se expiarán durante 4 lunas, en lugar Sagrado.
18.- Se ha de hacer Fuerte al Débil.
19.- Un Juramento sobre esta Ley nunca ha de ser dicho en vano.
20.- Nunca se rehusará un combate equilibrado ni se abandonará lugar Sagrado amenazado.
21.- Siempre se dará al Enemigo posibilidad de retractarse.
22.- Un Caballero jamás ocultará su condición.
23.- Un Caballero no teme a la muerte.
24.- Un Caballero no discrimina a ningún ser por raza, sexo o condición.
25.- Queda prohibida la tortura o prolongación de la agonÃa.
26.- Todo ser de alma blanca tiene derecho a una vida larga.
27.- Todo ser beligerante de alma negra tiene derecho a una muerte rápida.
28.- Todo ser tiene derecho a un juicio justo.
29.- Los cuatro jueces serán cuatro dragones, uno de cada color.
30.- Un Caballero sólo llega a Dragonard cuando demuestra que su vida no le pertenece.
31.- Quedan prohibidos los duelos entre Hermanos.
32.- La Naturaleza es Sagrada: se cogerá sólo lo que ella quiera darnos.
33.- La Magia se permite, como método de defensa y curación, nunca como ataque.
34.- Estas Leyes son inmodificables y Eternas.
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