La Cruz de Acero

La Cruz de Acero es el nombre que recibe la gran cordillera montañosa que se levantaba en la frontera entre Isbandem y Acrotiria, por el Norte, y Perasthan al Sur. Sus picos nacen al Este, en la confluencia entre el Mar de los Dragones y el Océano de las Ballenas, y cruzan las llanuras a lo largo de miles de kilómetros, casi hasta el Mar Interior. Los eruditos afirman que la cordillera comprendía un total de seis formaciones montañosas de gran tamaño, que alcanzaban alturas superiores a los 6.000 metros en bastantes puntos.

Para acceder a las cumbres de la Cruz de Acero el viajero debe, antes de nada, prepararse para ascender por las laderas hasta que se afrontan las altas montañas, donde avanzarán ya sin la ayuda de caminos ni de sendas. Pero incluso las faldas son escarpadas y peligrosas para hacerlo sin un equipo especial.

El clima, cambiante como en todo Târríen, es aquí muy seco, con precipitaciones en forma de nieve. El invierno es especialmente frío, congelándose casi todos los ríos. Durante el llamado “verano de las montañas”, sin embargo, la cordillera se ve azotada por fuertes tormentas que llenan los afluentes y traen la floreciente vida a las praderas.

Los pueblos de “la baja montaña” distinguen 3 estaciones en aquellas alturas. La estación de la inundación, en la que la riada procedente de los glaciares hacía subir extraordinariamente los ríos de los valles. Luego están la estación de la cosecha, en la que se recogen los frutos que las lluvias del “verano de las montañas” permiten al suelo producir, y la estación de la recolección, también llamada de la sequía por la poca agua que suele haber en los ríos.

Se conocen 9 ríos permanentes en la cordillera, los cuales se originan en cientos de afluentes en las alturas. Sólo en la ladera oeste confluyen en un río, el Claracampiña, que corriendo a través de Perasthan desemboca en el Océano de las Ballenas. El resto se pierden en el subsuelo y, según los eruditos, nutren de agua al Mar Interior.

Varios días después de dejar atrás los poblados “la baja montaña” aparece la Cruz de Acero en toda su magnificencia. Lo que los habitantes de Târríen denominan “el reino de los hielos perpetuos”, o también “el techo del mundo”, y a lo que los nativos prefieren referirse como “montaña arriba”.

Los pueblos de “la alta montaña” sólo distinguen 2 estaciones, la de las nevadas, en la época de invierno, y la de las lluvias, en el “verano de las montañas”.

Según se sigue ascendiendo aparecen por fin los gemelos nevados llamados Këionbuyai y Oukënanbuyai, 2 de las 4 “Montañas de la Guerra”. Aquellos picos gemelos marcan la ruta hacia Iruh. Desde sus cumbres, calentados por el débil sol, los hielos glaciares avanzan lenta pero inexorablemente, ocupándolo todo hasta donde se pierde la vista, transmitiendo una plácida sensación de paz y sosiego.

Más adelante, varios días después, pueden verse al fín Unkënibuyai y Emunëibuyai, las otras 2 “Montañas de la Guerra”. Las 4 forman un circo natural a cuyos pies, a más de 5.000 metros de altura, está la “Meseta de la Pena”, en el centro de la cual se levanta la ciudad–monasterio de Iruh, donde, recluidos entre las cumbres más altas de Târríen, viven los Monjes–Guerreros de Shan–Shat. Y aún se podría ascender más, hasta donde ningún ser viviente podría llegar sin perecer antes de frío. Hasta áreas que, sobrepasando alturas increíbles, impeden la vida misma.

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