La capital de Jaldalsi fue la capital de un antiguo imperio. Pero el tiempo y el lento declive del poder imperial han pasado factura a sus espléndidos edificios y hoy en día no es ni una mera sombra de lo que llegó a ser. Intramuros, la ciudad se dispone en círculos más o menos concéntricos que, si bien en un principio fueron creándose sin más
propósito que el de dar cabida a la creciente población de la urbe, con los años sirvió para establecer zonas sociales bien diferenciadas.
El Anillo Interior, el Quinto Anillo desde las puertas exteriores y Extramuros, y por tanto la ciudadela original, se elevó sobre un monte, aprovechando la orografía abrupta para levantar los muros defensivos y el castillo.
A día de hoy, y tras el desarrollo arquitectónico de miles de años alrededor del palacio Imperial, el anillo está ocupado por la Ciudad Imperial. Las edificaciones se extienden alrededor de las laderas hasta las murallas. Las progresivas ampliaciones, constituidas a los largo de los años, se han ido organizando a partir de esta ciudadela interior, de modo que cada uno de los círculos está situado a un nivel por debajo del anterior.
En este primer nivel es donde residía la familia Imperial de Jadalsi, junto con buena parte de la alta nobleza y del alto clero. Y allí es donde los sacerdotes emplazaron la catedral mayor de Jadalsi, el “Templo de las Mil Campanas”, llamada así por sus innumerables campanarios y torres.
Las calles se han diseñado para que parezcan un entramado de elegantes recintos ajardinados, separados unos de otros. Estos jardines comienzan en la muralla y se van elevando progresivamente unos sobre otros hasta alcanzar muchos niveles por encima de los barrios de los nobles menos influyentes. En ellos hay estanques de peces dorados y de colores, miradores, balconadas y cenadores, senderos de piedra entre arbustos que los jardineros han recortado para simular bosques de embriagadoras fragancias.
Y, desde el centro mismo, el palacio Imperial mira por encima a las demás edificaciones. Y se dice que, en lo alto de sus muros, existe una terraza aislada donde los primeros jardineros crearon un jardín de descanso a imagen y semejanza de las selvas de Rhiuné.
En el Anillo Interior no hay apenas presencia militar y, salvo excepciones, sólo los Dragones Dorados están autorizados a entrar armados, dado que de ellos depende la protección de la familia Imperial. Ésta es la Guardia Imperial, un cuerpo de elite compuesto por no menos de ciento cincuenta mujeres armadas con grandes espadas y armaduras de placas de color oro. El nombre “Dragones Dorados” hace honor al Gran Padre, señor celestial y patrón de la ciudad.
Los muros tienen tres puertas de acceso y, anexos a cada una, hay un cuartel de los Dragones Dorados.
Según se atraviesan estas puertas, se entra en el Cuarto Anillo, la llamada Ciudadela Noble, donde se disponen los barrios de los nobles menos pudientes y los comerciantes más ricos. Aquí la población está formada por un grupo más heterogéneo, ya que éste es el mejor lugar donde se les permite a los extranjeros más ricos alojarse. Y también allí es donde pueden encontrarse las casas de los miembros de esta guardia imperial, lujosas fincas con amplios jardines.
En cada una de las nueve puertas de acceso al Tercer Anillo hay un cuartel militar para las patrullas, que está constituidas por soldados de la Fuerza del Alba. Dicha formación militar está destinada en exclusiva a vigilar éste anillo y evitar el acceso a la ciudadela interior.
Según atravesamos una de las nueve puertas nos adentramos en el Tercer Anillo, la Ciudadela de los Sacerdotes. Es aquí donde se levantan la mayoría de las casas de los burgueses, las clases medias con dinero suficiente para permitirse vivir con cierto lujo, pero lejos del nivel de la Ciudadela Noble. En este nivel abundaban también los templos a los Dioses Grises, las casas de los sacerdotes y los pequeños huertos y jardines de los acomodados. Es aquí donde tienen su ubicación las escuelas de esgrima de Jadalsi.
La superficie de la Ciudadela de los Sacerdotes es enorme, dado que en ella también hay campos de cultivo y pastos con ovejas, cabras y vacas, todos ellos propiedad de la familia Imperial y de los nobles más pudientes. De este modo tienen asegurada la subsistencia en caso de asedio ya que, mientras resistan los muros de este tercer círculo, los círculos interiores tendrán comida. El grano recolectado se guarda en graneros existentes bajo la Ciudadela Imperial, así como la carne tras ser salada o el pescado tras ser puesto en conserva.
Cinco son las puertas de acceso desde el Segundo Anillo, controladas por el ejército regular de la familia Imperial.
El siguiente es el Segundo Anillo, o Ciudadela de los Comercios, donde viven la mayor parte de las gentes de la urbe. Allí hay posadas, tabernas, prostíbulos; es en sí misma el corazón de la Ciudad Vieja. Y nada destaca más en este círculo que el templo de Troril. La promesa de recompensas fáciles, unido a las penurias derivadas del coste de las campañas contra el vecino Imperio Khardesita, han hecho prosperar las enseñanzas de la Oscuridad. Lejos los tiempos en los que los jadalsitas profesaban su devoción al Gran Padre, el pueblo ha vuelto los ojos a los dioses Oscuros en estos tiempos de carencias y pobreza.
Siete puertas dan acceso a través de la muralla al Anillo Exterior. La guardia de esas puertas no son miembros del ejército de Jadalsi, ni siquiera son tropas regulares al servicio del Emperador. Pues cualquiera que haya visitado La Ciudad Vieja sabe que el segundo anillo es del completo dominio de los Dioses oscuros, y son sus tropas las que patrullan las calles, vigilan las puertas de acceso y regulan el tránsito de personas y mercancías.
Tras atravesar alguna de las siete puertas, se entra en el Primer Anillo, el más exterior. La que es denominada Ciudadela del Pueblo, no es sino una amplia ciudad formada a partir de las casas de trabajadores. Las gentes más humildes tienen allí sus casas, además de los extranjeros menos adinerados. Al resguardo de los muros hay también campos de cultivo y granjas. Y los soldados del ejército y sus familias viven en el Primer Anillo.
La defensa de la Ciudad Vieja comienza con sus imponentes muros blancos, defendidos por acuartelamientos de tropas dispuestos a sus pies.
Quince son las puertas dispuestas a lo largo de las blancas murallas para dar acceso a la Ciudad Vieja.
Si te gustó puedes conseguirlo impreso en papel en Bubok.







































